La verdad es que de tanto en tanto las cartas al 20minutos, te dejan una cara de Dios que razón tiene este tipo. Y esta que trata de los derechos fundamentales me hace recordar un hecho contrastado, nuestros padres en su época, tenían suficiente con el suelo de una decena de años para comprar una vivienda de propiedad, podían elegir vivir de alquiler con una cuarta parte de su sueldo. Actualmente la juventud, puede, si tiene muchísima suerte hipotecarse un mínimo de cuarenta años con el coste de prácticamente un sueldo entero para poder comprar una casa de propiedad, puede optar, si tiene pareja también en dedicar la práctica totalidad del sueldo a un piso de alquiler, o de igual manera prácticamente el 70% del mismo para alquilar una habitación que con suerte tendrá derecho a comedor, cocina y demás partes del piso a uso compartido.Expuesto el: jueves, 31 de diciembre de 2009 12:07
Autor: PEDRO ERRANO
Asunto: Jóvenes, trabajo y vivienda
| PEDRO ERRANO Según el Observatorio Joven de Vivienda de España, los jóvenes españoles necesitarían ganar, como media, más del doble de lo que perciben para poder comprarse una vivienda. Hasta aquí, nada que no supiéramos; aunque bueno es recordarlo. Pero, una vez confirmado el problema, ¿cuáles serían las soluciones? Bueno, las que todos conocemos: que puedan encontrar trabajo, que bajen los pisos a la mitad de su precio actual o que ganen el doble. Ahora bien, sabiendo como sabemos que ni los sueldos van a subir, ni los pisos van a bajar -al menos en esa proporción-, y que encontrar un empleo puede ser misión imposible, los jóvenes deberían ir buscando otras alternativas más asequibles para cobijarse. Veamos algunos ejemplos: ir a vivir debajo de un puente, en una caravana, en una tienda de camping, en una chabola de palés y hojalata o en una cueva excavada en un cerro. Qué triste, verdad. Nos han repetido tantas veces que pertenecíamos a la sociedad del bienestar que casi nos lo llegamos a creer. Pero ahora, la cruda realidad nos confirma que ese teórico Estado del bienestar, no sólo no lo habíamos alcanzado, sino que ahora caminamos hacia atrás, alejándonos cada vez más del mismo. De manera que, mientras no estén garantizados, para todos, derechos tan fundamentales como el trabajo justamente retribuido o el acceso a una vivienda digna, no podremos hablar de bienestar social, sino de un creciente y lamentable malestar. |





